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Muchos colombianos abandonan el catolicismo y abrazan otras religiones
Mar 20,2008 00:00
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Su abuelo era de origen judío. Eso solo lo supo hace 14 años, cuando decidió aprender hebreo, cansado de trasegar por varias iglesias protestantes. Entonces, Víctor Jara ya hace rato se había convencido de que era católico de crianza pero no de corazón y menos de convicción. Mientras aprendía hebreo, con el fin de comprender libros y textos escritos originalmente en esa lengua, descubrió la Torá (sagradas escrituras) y el estilo de vida de los judíos. Sin pausa, pero sin prisa, avanza en su proceso de conversión Mientras llega ese día, que terminará en Estados Unidos o Argentina con un rito especial, vive de acuerdo con los dogmas de esta religión. Practica en su casa, pues no tiene acceso a las sinagogas de Bogotá. Y como un compromiso con esta religión, fundó una librería especializada en textos judíos, al igual que una agencia de viajes por Internet cuyo destino principal es Israel. "¿Jesús es Dios?", le preguntó a la profesora. Tenía siete años y estaba en segundo de primaria. La maestra, atónita, no supo qué responderle. En ese momento, recuerda Sofía Méndez, empezó a hacerse preguntas sobre la fe que desde ya palpitaba en su corazón. Criada en una familia católica, a los 14 años se fue de la casa y se casó por civil. Dos años más tarde, ya con dos hijos, fue a confesarse en una de las parroquias de Madrid (Cundinamarca) y el sacerdote que la atendió no la absolvió. Al contrario, le dijo que quedaba excomulgada por haberse casado tan joven, y fuera de la institución católica. "Fue terrible sentir que me quedaba sin religión, pero luego comprendí que esa tampoco era la mía", cuenta la mujer, hoy de 31 años y abogada de profesión. Empezó a indagar sobre las raíces de los indígenas muiscas. Sentía que ahí podría estar la salida a su sed espiritual. Y en esa labor llegó hasta el archivo de Indias de Sevilla (España). Ya había pasado por varias iglesias protestantes de las que huyó decepcionada porque, según ella, son una suerte de mercado religioso. Incluso viajó hasta Israel, vivió con los judíos durante un mes y quiso unirse a ellos. La idea no funcionó. "Alá, Dios, Yavé. El que sea. Estoy aquí. Necesito una respuesta", clamó muchas veces, y seguía buscando respuestas. Estando en España, en el apartamento donde vivía, encontró la primera señal que la conduciría a descifrar su gran enigma: un ejemplar del Corán (libro sagrado del Islam), apareció en su mesita de noche. Ya había leído sobre esta religión. Pero solo hasta que conoció a un musulmán, quien le compartió unos textos, concluyó que su búsqueda había terminado. Hace cinco años, se convirtió en musulmana. Se casó por segunda vez, ahora con un turco, quien ha sido su maestro espiritual. Es feliz, porque al abrazar al Islam pudo abrazar toda su fe. "Lo mejor de ser musulmana es que me permite seguir amando lo que siempre he amado". Se convirtió en célibe y en vegetariano por su religión Era un reto difícil. Entre otras cosas, tenía que convertirse totalmente en vegetariano y hacer un uso regulado del sexo. Renunciar a la carne fue duro, pero más difícil resultó hacerle el quite a las tentaciones del cuerpo. Y más para un joven de 21 años con las hormonas alborotadas. Durante cinco años, mientras avanzaba su transformación espiritual, llevó una vida célibe. Hace dos años se casó. Igual, el cuerpo para los de su religión es un templo y se debe respetar. Fue complicado, lo reconoce. Sin embargo, no hay nada que la mente y el espíritu, y sobre todo, Dios, no puedan superar. Eso lo asegura Diego Fernando Rivas, un antropólogo bogotano de 28 años que desde hace siete, cansado de divagar y de una vida llena de excesos, decidió convertirse al Vaishnavismo, la religión de Krishna. Lo hizo, según él, después de que Dios le enviara varias señales para que lo recibiera en su corazón de una vez por todas. "Dios no se equivoca". Él prefiere que lo llamen Kripa Rama Das, su nombre espiritual, que significa: sirviente de la misericordia de Dios sobre la Tierra. Por karma, asegura, nació católico. Pero nunca se sintió como tal. Nunca se aferró a ninguna religión. Una de las preguntas que jamás le respondieron los curas con los que estudió en el colegio era qué pasaba a la hora de la muerte. Siempre creyó en las teorías de la reencarnación -vetadas por la Iglesia Católica- y se acabó de convencer de ello cuando abrazó la cultura védica. Al cambiar de religión, o mejor, al comprometerse con una, Kripa asegura que le encontró por fin un sentido a la vida. Ayudar a los demás y tener un equilibrio entre la mente, el cuerpo y la naturaleza es su mayor bendición. Hoy es uno de los líderes de esta confesión en Colombia. Sin pretenderlo, su madre está a punto de convertirse también. Incluso, varios de sus amigos ya se convirtieron a la fe Krishna. Su trabajo como docente en las universidades del Rosario y Nacional lo alterna enseñando yoga. También dirige una olla comunitaria en la Nacional en la que 400 estudiantes almuerzan comida vegetariana a mil pesos el plato. Y cuando le queda tiempo sale a la calle con sus compañeros a alabar a Dios con el ya popular "Hare Krishna, Hare Krishna", que significa: "Oh, mi señor, por favor, déjame ser un instrumento de tu amor". –--- -------------------------------------------------------------------------------------------------------
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